Blog personal de Alejandro Castroguer

En el blog de Alejandro Castroguer podrás estar al tanto de las noticias que generen las novelas "GLENN" (Premio Jaén de Novela 2015), "LA GUERRA DE LA DOBLE MUERTE", "EL ÚLTIMO REFUGIO" y "EL MANANTIAL", y las antologías "Vintage'62: Marilyn y otros monstruos" y "Vintage'63: J.F.K. y otros monstruos" entre otras. Además, es lugar de encuentro para amantes del cine, la literatura, la buena música y las aventuras del Rey Mono.

jueves, 17 de agosto de 2017

von Bingen versus Kronos

Hildegard von Bingen: "O Virtus Sapientiæ", interpreta el Cuarteto Kronos. Esta pieza pertenece al disco Early Music (Lachrymæ Antiquæ), editado por Nonesuch.
 

domingo, 13 de agosto de 2017

La Tauromaquia muere el 12 de agosto de 2017


Foto José Nieto Martín
Mal que les pese a los taurinos, el fin de la llamada Fiesta Nacional, en realidad Vergüenza Nacional, ya es un hecho. Murió ayer en la Plaza de las Ventas. ¿Cómo es posible?
Muy sencillo. Os dejo como testimonio de su muerte este video. Ayer en Plaza de Torturas de Madrid, la capital del reino, una treintena de antitaurinos saltaron al ruedo. Si os fijáis bien, casi hay más antitaurinos que público en los tendidos, la demostración palmaria de que la Fiesta está muerta.






De propina reproduzco el texto que Gladiadores por la Paz, ente promotor de este salto, ha colgado en en su página de facebook. 

"Querida familia, si estáis leyendo esto es porque ahora mismo estaremos entre rejas."

Desde aquí queremos dejar claro que la esencia de nuestra lucha ha sido, es y será siempre saltarnos las leyes injustas que permitan abusos sobre cualquier ser inocente animal o humano, estén escritas en papel, grabadas en piedra o marcadas a fuego.
Por eso han sido muchas las veces que a pesar de estar muy agradecidos nos hemos negado amablemente a propuestas como regularnos legalmente como asociación o incluso interesantes proyectos políticos.
Pero hemos decidido seguir con lo justo, en nuestra línea, con pocos medios pero llegando a todos lados gracias el cariño de la gente...
Este es nuestro papel, seguir revelándonos ante este sucio e injusto sistema que está diseñado para estafarnos y reirse de nosotr@s cuando somos políticamente correctos. Que a nadie se le olvide que los esclavos se saltaron las leyes que permitieron su esclavitud y las mujeres se saltaron parte de las leyes que permitieron su opresión (lucha que continúa y apoyamos).
Es por ello que hasta que esas leyes cambien seguiremos ofreciendo una fuerte resistencia al maltrato animal legalizado, tocando los corazones de la gente y avergonzado así a los políticos que lo permiten, aunque nos peguen, nos multen o nos encierren...

"Así nació Gladiadores por la paz y así morirá, luchando y rebelándose"

Gracias a tod@s por el increíble apoyo,familia. La cabeza siempre bien alta.
¡¡¡Tauromaquia abolición!!!


jueves, 10 de agosto de 2017

THEM!, La humanidad en peligro



Entrada publicada originariamente en el blog de La Octava Noche, el 27-X-2009.


Título: Them! (La humanidad en peligro)
Año: 1954
Duración: 94 minutos
Director: Gordon Douglas
Guión: Ted Sherdeman
Música: Bronislau Kaper
Fotografía en Blanco y Negro: Sid Hickox
Reparto: James Whitmore, Edmund Gwenn, Joan Weldon, James Arness, Leonard Nimoy ...
Género: Fantástico. Ciencia-Ficción.

Sinopsis: El ejército americano realiza unas pruebas atómicas en un desierto del suroeste de los Estados Unidos. Como resultado de las radiaciones, las hormigas sufren una mutación que les hace crecer hasta alcanzar gigantescas dimensiones. Un grupo de científicos y militares intentará impedir el desastre.

Toda la historia, entiendo, es un alegato contra las pruebas de la bomba atómica del año 1945. Concretamente el 16 de julio de ese año, en las instalaciones militares secretas de White Sands, Nuevo Mexico, en EE.UU. es detonada la primera bomba atómica experimental, de 19 kilotones bajo el nombre clave de Trinity. Pocas semanas mas tarde es arrojada la primera bomba atómica denominada Little Boy sobre Hiroshima.

Explosión de Trinity en White Sands

Es la radiación de esta bomba la causante de la mutación de las hormigas que aparecen en la película. El mensaje pacificista ya haría de por sí válida esta obra que algunos catalogan injustamente de serie B. Me pregunto qué efectos especiales podría haber conseguido una de serie A. No creo que fuesen mucho mejores.

James Whitmore es el sargento de policía Ben Peterson

Bien es cierto que las hormigas causan un poco de risa, se ven demasiado artificiales, pero la película tiene ritmo, una buena banda sonora a cargo de Bronislau Kaper, una estupenda fotografía en blanco y negro y dos actores muy interesantes: Edmund Gwenn en el papel del entomólogo que ayuda a la policia y al ejército, y James Whitmore, célebre por su aparición como el jorobado de la imprescindible "La jungla de asfalto" que en esta ocasión hace de policía, ironías del séptimo arte. También cuenta con la participación de Leonard Nimoy, luego célebre como el señor Spock de Star Trek.


Leonard Nimoy, no acreditado, es un sargento del ejército
Destacar la primera escena, esa niña en estado de shock, la caravana prácticamente partida por la mitad, las huellas de algo irreconocible, el sol, el desierto. Y cómo no, también la escena de la tormenta de arena y la de la tienda de Gramps. Las lámparas bailando al son del ululante viento, los destrozos en el lateral de la tienda, los artículos arrojados por el suelo ... y ... el sonido de las hormigas.

En definitiva todo un canto al cine artesanal y a los inocentes inicios de la ciencia ficción en el cine. Imprescindible para los que gusten de este tipo de cine.


martes, 1 de agosto de 2017

IV Lectura callejera y castrogueriana



La lectura de hoy, efectuada otra vez en Calle Nueva, muy cerca del difunto Casa Mira, ha tenido como norte la Gran Manifestación Antitaurina que tendrá lugar el sábado 19 de Agosto en Málaga. Es por esta razón que, a modo de homenaje, he escrito un texto titulado "A un toro de lidia llamado Inocencio", y que ha sido objeto de la acción reivindicativa de esta tarde.
Os dejo unas fotos como testimonio de lo ocurrido hace tan solo unas horas.



 
Y ahora un breve vídeo:



A modo de colofón, aquí tenéis unos fragmentos del texto arriba mencionado.



A UN TORO DE LIDIA LLAMADO INOCENCIO
Alejandro Castroguer



Al final de la estrecha oscuridad, te recibe el cegador griterío de la chusma. Deberías tenerles miedo, Inocencio, por mucho que te creas invencible (...). La sombra del circo romano, las cenizas de Mauthausen o Buchenwald y la vesania de los mataderos, todo ello gravita sobre la crueldad de la turba que abarrota los tendidos. Si llegado el caso ellos no dudarían en condenar a Jesús por segunda vez, ellos que se dicen tan cristianos, ¿por qué iban a temblarles la mano al firmar tu sentencia de muerte? (...)

Los requiebros del capote, esa tela rosada que maneja el homínido designado como tu verdugo, abanican la tarde. Después llega el turno al horror. Un caballo percherón, otra víctima más del espectáculo, es obligado a saltar al ruedo. (...)

Siguiendo el instinto, te lanzas contra el caballo. Sois dos coches que colisionan en mitad de un cruce de caminos. La carrocería del centauro apenas se resiente, en cambio la tuya se abre en canal. La puya se apresta a ahormar tu bravura virgen. Desflora la carne, te parte por la mitad. La violación del acero te ciega por momentos, todo es devastación sobre la espalda. Cierras los ojos, te ahogas, y sin embargo te obstinas en empujar contra el caballo. (...) El martirio se detiene cuando ellos lo estiman oportuno, no vayas a ser que te derrumbes y seas incapaz de levantarte. Sientes que una cascada de sangre se desbarranca hasta la pezuña. (...)

Dos homínidos, armados con sendas banderillas, concitan tu atención desde lejos. (...) Esos aguijonazos reactivan tu bravura, que es justamente lo que pretendían. Persigues a los homínidos en vano, pues saltan por encima del burladero. Luego se ríen en tu cara. Aunque parezca increíble, el sufrimiento no ha hecho más que comenzar. Como rúbrica a la ejecución aguarda el dulce magisterio del carnicero, el dibujo medido de la muleta, el desangrado exacto de tu virginidad de víctima. 

El verdugo te muestra la muleta, carmesí como tus heridas. Embistes, vas en pos de ella. Los carriles que conducen a la muerte son tan artísticos, eso afirman los homínidos, que los han convertido en una verdadera matanza pública. Circunvalas al matarife, que porfía en su juego de trilero. Ahí tienes la muleta, Inocencio, y un segundo después ha desaparecido. Las embestidas son jaleadas por las mismas gargantas que, dos mil años atrás, alzaban o bajaban el pulgar para decidir la muerte de un puñado de indefensos cristianos. Herederos de aquéllos, también de los que celebraban la quema de herejes en la Edad Media, la multitud jalea el espectáculo. Es entonces cuando el homínido empuña el estoque de matar. Todo está cumplido.

Incapaz de adivinar la inminencia del final, aguardas: ¿a ver qué ocurre? No entiendes el código que rige una muerte tan matemática. Esperas. Cuando te quieres dar cuenta, Inocencio, el verdugo ha enterrado un metro de acero en el terreno baldío de tu cuerpo. Un fulgor de fuego funde, en un solo segundo, tu fiereza. Ya estás muerto… y no lo sabes.    

La agonía empieza con esa asfixia que convierte en piedra tus pulmones, que te anega de sangre los pantanos del miedo. En busca de respuesta, interpelas a los homínidos con un mugido: ¿qué mal he hecho? ¿Merezco tanto tormento? Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen. Pese a que te niegas a darles satisfacción, al final no puedes más y te orinas encima; luego defecas, laxos los esfínteres a causa del dolor. La horda clama victoria, lanza vítores al asesino. 

De pronto, regurgitas el último borbotón de sangre. Exclamas tu sacrificio con un mugido que aletea, ingrávido, por los aleros de la plaza. Asciende esa palabra sin traducción sobre la conciencia degradada de los presentes. Bajo el tonelaje de la muerte acabas por sucumbir. Doblas las rodillas, te tumbas en el suelo, vencido, tiritando de miedo y de frío. Ves cómo se acerca el verdugo con el estoque de descabello. 

Muges, gritas, protesta a cada golpe de acero, la testuz mordida por las cuchilladas. ¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu! El trance sería infinito de no mediar el golpe exacto, matemático, que parte en dos tu médula espinal. Volteas las patas, te desparramas. 

En el último segundo, buscas con la mirada el camino que trazará tu espíritu cuando se haya despegado de la carne y de los huesos. Sin embargo no encuentras nada, Inocencio, apenas ese cielo en que creen ciega e hipócritamente el verdugo, sus cómplices y la horda de los tendidos. Antes de expirar albergas un recuerdo postrero: ese prado donde pastabas hasta hace unos días, el dulce sabor de la hierba, la frescura del río donde mojabas las pezuñas. Y sobre todo, la mirada de esa vaca de la que te habías enamorado, al otro lado del matadero.